El fin de los templarios y de las cruzadas y el beato Ramon Llull

 

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Caballero templario en combate defendiendo Jerusalén (arriba). Observe a derecha del circulo de la ciudad de Jerusalén lo barrio de los templarios con el Templo de Salomón en destaque y también la vestimenta del caballero, con su cota, su estribo y la silla y elevada para ofrecer más seguridad durante la correría. InMiniatures - Nort-western France (Monastery St. Bertin?), c. 1200 (Added text: c. 1290-1300)

Los temas de los templarios y de las cruzadas continúan siendo hasta hoy los que más interés despiertan entre toda la temática relacionada con la Edad Media, tanto del gran público como de los historiadores. Las leyendas que envuelven la disolución de la Orden del Templo y la imagen del buen caballero cruzado, defensor de los huérfanos y de las viudas en peregrinación hasta la Tierra Santa, cultivada por los románticos del siglo diecinueve, marcaron indeleblemente el imaginario popular y hoy forman parte de la cultura universal común a los pueblos nacidos del occidente cristiano medieval. Una buena prueba de esto es el voluminoso cuaderno de publicación lanzado anualmente por la Sociedad de Estudios de las Cruzadas, institución con sede en el Reino Unido y de la cual formo parte.1

Por un lado, la figura del beato Ramon Llull, teólogo, filósofo y literato, uno de los creadores de la lengua y de la cultura catalana, cada vez interesa más a los medievalistas, gracias a la publicación regular de sus escritos latinos por parte del Raimundus Lullus Institut de Friburgo de Bresgóvia –en la colección Corpus Christianorum de la editorial Brepols en Bélgica– y la colección de la obra catalana por parte del Patronat Ramon Llull, de Palma, titulada Nova Edició de les Obres de Ramon Llull (NEORL)2. Los lulistas crecen en todas las partes del mundo, fascinados por los encantadores textos del beato, incluso en países donde él nunca se hubiera podido imaginar, como Brasil3 – en mi país este bello trabajo está siendo realizado por el Instituto Brasileiro de Filosofia e Ciência Raimundo Lúlio, bajo la dirección de Esteve Jaulent.

Por fin, para concluir estas pequeñas líneas de justificación sobre el tema propuesto, la unión de los dos asuntos –Llull y los templarios– está bastante conectada con las actuales investigaciones lulianas: acaba de salir un tomo de la colección Corpus Christianorum dedicado a los escritos de Llull sobre las cruzadas, con un espléndido texto aclaratorio del gran maestro, historiador y teólogo, Fernando Domínguez Reboiras4. El tema de los templarios en los textos lulianos toma así un nuevo impulso y deseamos con nuestro trabajo poner una piedra más sobre esta hermosa construcción.

Básicamente todos los escritos lulianos fueron redactados teniendo como escenario de fondo las grandes alteraciones de la sociedad medieval de los siglos XI hasta XIII en la idea primera del concepto de cruzada, especialmente tres puntos:

1) el declive de los ideales caballerescos,

2) la utilización política del ideario de la cruzada, por parte del papado, para sus propósitos de primacía universal,

3) el crecimiento de los particularismos estatales y el uso –y abuso– de la cruzada para el cobro del diezmo y el enriquecimiento de las arcas de las realezas (especialmente la francesa).

En total, la segunda mitad del siglo XII vio el lento desaparecimiento de las dimensiones transcendentales del guerrero de Dios en busca de la corona del martirio, eje primero del pensamiento luliano, juntamente con la idea de la conversión de los infieles.5

Ramon Llull siempre se preocupó por el destino que cabría a las órdenes militares con el fin de las cruzadas en Tierra Santa. Inicialmente, sus palabras eran dedicadas a una reforma de la institución de la caballería, pues sucedía cada vez más que los ideales caballerescos estaban decayendo.6 Por ejemplo, en su Libro de Contemplación, Llull habla de los caballeros como mensajeros del los diablos, por su conducta disoluta y profana:

1. Ah, Dios, alabado, honrado, amado, deseado y temido por todos los pueblos! Vemos que los caballeros, Señor, son elegidos para ser caballeros, perseguir y aprisionar a los hombres malos, traidores, homicidas, ladrones, enganadores y desobedientes de su príncipe. Por eso, los caballeros tienen armas con las que se defenden y furzan a sus enemigos, y van a caballo, para poder alcanzar los enemigos de la justicia y de la paz.

2. Pero me parece, Señor, que los caballeros se han desviado inclinándose hacia otros hábitos contrarios al oficio por el que se encuentran en Orden de Caballaria, pues con las armas con las cuales deberían destruir a los malvados, vemos que matan y destruyen a los justos y a los que amam más la paz que la guerra.

3. Así, todo este desvio y desorden, Señor, cayó sobre los caballeros, porque cambiaron el modo y la ocasión por la cual son caballeros, y hicieron tal mudanza porque no son amigos de la verdad y aman las vanidades de este mundo. Así, furon expulsados del verdadero camino y van hacia el fuego perdurable.7

La caída de Acre en 1291 hizo surgir un voluminoso número de opúsculos redactados teniendo como tema principal la recuperación de Tierra Santa. Esta nueva coyuntura política obligó Llull a tratar el tema de la cruzada más directamente, y lo hizo en primer lugar en un tratado llamado Libro del pasaje, un texto dividido en una epístola llamada Cómo la Tierra Santa puede ser recuperada y un opúsculo, de nombre Tratado sobre el modo de convertir a los infieles. Estos dos textos que componen el Libro del pasaje serán la base de mi breve presentación de hoy.

En este documento, redactado en 1292 para el Papa Nicolás IV (1288-1292), el primer Papa franciscano, Llull propone básicamente la unión de las órdenes militares, más específicamente, la del Hospital, la del Templo, la de Uclés y la de Calatrava. Esta nueva orden se llamaría Orden del Espíritu Santo, con sede en Herminia y con una flota de galeras en propiedad –como más tarde el Orden del Hospital lo haría en el Mediterráneo, desde Rodes y después Malta.

Hay que destacar que esta propuesta de unión de las órdenes militares ocurrió antes de la campaña difamatoria emprendida por Felipe el Hermoso de Francia, lo que indica que las preocupaciones principales de Ramon Llull con relación a las órdenes militares consistían sobretodo en el desaparecimiento de su primera finalidad al haberse perdido Tierra Santa (por ejemplo, proteger los peregrinos y los caminos para el Santo Sepulcro) y la necesidad, esencialmente militar, de fortalecer la cristiandad con una única orden, para, después, proceder al principal objetivo de su propuesta: la conversión al cristianismo de todos los infieles y la consecuente salvación de las almas de los perdidos por Mahoma y por todos los cismas existentes en su época.

Es muy importante destacar y subrayar este presupuesto luliano para la perfecta comprensión del tema de los templarios en su inmensa obra: todo su discurso, todos sus textos, toda su vida giraban en torno del objetivo misionero: la cruzada, las órdenes militares, estaban siempre subordinadas a su primera intención, es decir, la conversión de los infieles.

Esta Orden del Espíritu Santo tendría un maestro en Teología apoyado por hombres santos y devotos dispuestos a aprender las lenguas árabe, persa, cománico (de los citas), guzo (de los turcos seldjúcidas) y otras lenguas cismáticas. Estos hombres, sabios en Teología y Filosofía, deberían estar dispuestos a predicar racionalmente el verbo de Dios por el mundo. Este trabajo misionero sería facilitado por el conocimiento de las lenguas de los infieles, y, en primer lugar, estos hombres santos, a la manera de los apóstoles de Cristo, deberían convertir los cismáticos al catolicismo –una gran preocupación de Ramon Llull era la unidad del cristianismo, pues, según él, sin la cristiandad unida no sería posible la conversión del resto del mundo.

Pero tenemos un pequeño problema. En el opúsculo, Llull trata del Orden del Espíritu Santo, como se ha dicho anteriormente. Sin embargo, en el Tratado del modo de convertir a los infieles –que sería la segunda parte del Libro del pasaje– Llull ya no menciona sólo una única Orden del Espíritu Santo y sí, en cambio, a los maestros del Templo, del Hospital y de los Teutónicos. Fernando Domínguez piensa que la Epístola fue escrita después del Tratado, posiblemente porque éste ya estaba preparado para ser presentado a cualquier Papa, y la epístola parece contener las propuestas más específicas ya dirigidas a la personalidad del nuevo Papa8, el Papa franciscano. En ese caso, parece claro que la propuesta de fusión de las órdenes militares crece al mismo paso que la inquietud de la opinión pública en Occidente, que criticaba el desempeño militar de las órdenes, atribuyéndoles una gran responsabilidad en la pérdida de Acre. Por otro lado, Llull, con su idea de fusión, sigue manteniendo sus ideales junto con las propuestas papales: ya en el Concilio de Lyón, en 1274, el Papa Gregorio X propuso su fusión.

Sea como fuere, para Ramon Llull, las órdenes militares serían el gladio corporal de la Iglesia cristiana. En un breve pasaje de su texto, el beato afirma que le conviene al Papa tener, en Grecia, los dos gladios para luchar por tierra, juntamente con los maestros del Templo, del Hospital y de los Teutónicos. La doctrina militar luliana expuesta en este tratado recurre a la tesis de Inocencio III que, a su vez, se basó en San Bernardo de Claravall: el Papa poseía dos espadas, la espiritual y la temporal, que representaban respectivamente su poder coercitivo en lo espiritual y su poder real. Esto significaba alegóricamente que el poder político real derivaba del Papa, es decir, de Dios a través del Papa, quien cedía este poder al emperador.9

En resumen, Ramon Llull utiliza una idea corriente entre los hierócratas para subordinarla a sus fines de predicación: el uso del poder temporal por parte de las órdenes militares se justifica y se legitima por el papa para que se realice su primer objetivo, es decir, la predicación de la palabra de Dios y la conversión de los infieles. Esto significa que la función de las órdenes militares en el pensamiento político-militar de Ramon Llull es el de apoyar militarmente la recuperación de Tierra Santa para, a continuación, participar de un intenso trabajo misionero junto a los infieles.

Estas son, en pocas líneas, las principales ideas de Ramon Llull en su primer escrito sobre la cruzada y directamente relacionado con la Orden del Templo. Ramon Llull fue un hombre que vivió en el siglo trece, murió en el siglo catorce pero su mente tenía en cuenta el siglo doce. Su tiempo fue un tiempo de grandes transformaciones estructurales, sociales y sobretodo mentales. La idea de cruzada, el ideal caballeresco y la síntesis hecha por las órdenes militares, teniendo en los templarios su principal símbolo, murieron con el Concilio de Vienne. Mejor dicho: murieron antes, con la renuncia del Papa Celestino V (1295), el Papa angélico, y la lucha entre Bonifacio VIII y Felipe el Hermoso (1296-1303), la lucha entre las dos espadas, la temporal y la espiritual, con la victoria final del estado naciente francés y el fin de la mentalidad medieval.10

Sin saberlo, Llull presenció el ocaso del Medioevo. Desilusionado con el fracaso y el desinterés de los poderes frente a sus propuestas, el trovador de Dios murió creyendo defender el bien común de la cristiandad, esto es, la misión, el martirio como ideal cristiano, la unión de las órdenes militares para la continuación de la cruzada y el retorno de la misma a sus raíces apostólicas.

Sus palabras en el texto La Disputa del clérigo y Raimundo el fantástico (1311) muestran bien su visión del mundo que murió con la supresión de los templarios y el fin de las cruzadas en Palestina. Con ellas termino este breve análisis del discurso luliano sobre los templarios y las cruzadas:

Me cansé mucho; tuve hijos, fui medianamente rico, viví en los placeres del mundo. Pero me retirée de todo esto, abandoné libremente y con gusto todas esas cosas, para, con todas mis fuerzas, defender el honor y la gloria de Dios, buscar el bien público y trabajar para la glorificación de la fe católica. Aprendí el árabe, prediqué varias veces el Evangelio a los sarracenos, fuí preso, encarcelado, azotado y maltratado en defensa de la fe católica (...) ahora me encuentro viejo y pobre, pero persisto en el mismo propósito, y en él he de permanecer hasta mi muerte.11

Notas

  • 1. Society for the Study of the Crusades and the Latin East (SSCLE)
  • 2. Actualmente en su volumen V (Començaments de Medicina y Tractat d’Astronomia, a cura de Lola Badia), 2002.
  • 3. Líneas muy gentiles escritas por PARDO PASTOR, Jordi. “Las traducciones brasileñas de la obra de Ramon Llull”. InFaventia 24/2, 2002, p. 185.
  • 4. DOMÍNGUEZ REBOIRAS, Fernando. “Ramon Llull y la cruzada. Consideraciones preliminares a un tema controvertido”. In: ROL, CLXXXII, p. 257-322.
  • 5. Este parágrafo es un resumen de las principales ideas desarrolladas por DOMÍNGUEZ REBOIRAS, Fernando. “Ramon Llull y la cruzada. Consideraciones preliminares a un tema controvertido”, op. cit., p. 258-281.
  • 6. Ver, por ejemplo, RAMON LLULL, Llibre de l’Orde de Cavalleria. Barcelona: Editorial Barcino, 1988.
  • 7. OE, vol. II, cap. CXII, p. 339.
  • 8. DOMÍNGUEZ REBOIRAS, Fernando. “Ramon Llull y la cruzada. Consideraciones preliminares a un tema controvertido”, op. cit., p. 308.
  • 9. ULLMANN, Walter. Historia del pensamiento político en la Edad Media. Barcelona: Editorial Ariel, 1999, p. 106-107.
  • 10. GARCIA-VILLOSLADA, Ricardo. Historia de la Iglesia Católica. Madrid: BAC, 2003, p. 562-623.
  • 11. LOLA BADIA. "Versió catalana de la Disputa del clergue Pere I de Ramon, el Fantàstic". In: Teoria i pràtica de la literatura en Ramon Llull. Barcelona, Edicions dels Quaderns Crema, 1991, p. 211-229.